Mi habitación, 1:20 a.m. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Londres fue un punto de inflexión que ha supuesto más consecuencias de las esperadas. Aquella llamada, aquel hotel, aquella habitación, aquel grito... Desde entonces ha pasado de todo. Concretamente ha pasado Mallorca, Ucrania, Madrid (dos veces) y Valencia. Me dejo algún otro lugar, pero prefiero ni recordarlo. Como en el que estoy.
La habitación está vacía. Llena, pero vacía. Del exterior apenas se escucha el sonido de los coches en una calle que, también, está vacía. No hay movimiento, no hay vida. Encima de la mesa hay un par de dvd´s, catorce discos de música y ocho revistas "Esquire". Un par de bolsas de plástico vacías, una botella de agua vacía y un cuaderno sin hojas en el que escribir completan el panorama que rodea al ordenador portátil. Puta metáfora, y de las buenas.
Hasta el mes de julio todavía quedan dos meses y una semana. Mucho tiempo, quizás demasiado. El caso es que esta semana cometí el tremendo error de no volver a Asturies. No sé si por falta de ganas o de dinero. Pero no fui. Y eso, con tiempo libre para pensar y darle vueltas a todo, ha sido lo peor que he hecho en años. Como siempre, lo han pagado los que no tienen culpa de nada. Es lo que hay.
Suena "Boomerang", un grupo catalán que me ha recomendado un conocido. Cantan en su idioma y suenan de puta madre. Me quedo con la frase del estribillo: "reclamaba la pericia de un profesional". Buen contenido, buenas letras y buen sonido. Son una moda. Pasarán al olvido pronto. Una pena. Como todo. Es el momento de reunir fuerzas de donde sea para no volver a atrás. Es lo único que deseo a esta hora. Buenas noches.
Tallueu
21:54, Albany Street. Por la ventana apenas se ve un trozo de la carretera, un taxi aparcado y un par de personas paseando por la acera. El parque se esconde entre la noche londinense de tal forma que apenas se puede atisbar el movimiento de los árboles que actúan de muralla visual con la Regent´s Terrace. Mirando hacia arriba, la luna quiere, pero no puede aparecer entre la niebla que domina el cielo. No son buenos tiempos para nadie. Ni para los que escriben.
La semana ha sido dura. Llegamos el martes a primerísima hora a un Londres que nos recibió con un temporal de viento y lluvia. Tras el aterrizaje, nos fuimos directos a la Ciudad Deportiva del Arsenal, desde la cual teníamos que hacer un par de directos. Una vez terminado el trabajo y escuchadas las ruedas de prensa de Arsene Wenger y Djorou, nos fuimos a nuestro hotel: el Emirates Stadium. Y digo hotel porque no salimos del estadio en dos días. Tan sólo pudimos escapar de allí para hacer noche en una cama de un Meliá en la zona Marylebone.
El resto es historia. Cada vez me apetece hablar menos de fútbol, y más de lo que veo en este tipo de viajes. Londres, sinceramente, me parece la capital del mundo occidental. Lo tiene todo: urbanidad, clásicismo y modernidad. Sin embargo, lo que más me pone es ver el poder que esconde esta ciudad. Sí, el saber que detrás de los muros neoclásicos del norte de Oxford Street se cierran la mayoría de los grandes negocios mundiales o que al sur de The City muchos gobiernos intentan "arreglar" el desorden mundial. Ese misterio que esconde la capital me gusta. Aunque sea mentira, pero me apetece imaginármelo.
Mañana volvemos a España. Las cosas por allá siguen en stand by, que no es poco a estas alturas. A pesar de haber estado hace bien poco a orillas del Cantábrico tengo ganas de más, aunque para eso tendré que esperar al verano, me temo. En la calle el taxi que hace un rato estaba aparcado se va en dirección hacia Oval Road. Londres sigue su curso, el mío todavía tengo que encontrarlo.
Tallueu.
Durante esta semana he notado dos cosas. Primero, que la tele va creciendo a pasos agigantados y, segundo, que la esperanza que tiene puesta esta ciudad en el futuro es envidiable. La crisis la noto en Asturias más que en otros sitios. Somos un pueblo pequeño con muchos recursos, pero con malos regidores y una gestión peor a la incompetencia de los anteriores. No hay un duro, veo comercios cerrando, noto cómo la gente no gasta ni un céntimo más de lo normal, compruebo cómo varios de mis amigos están en el paro y nadie de los de arriba parece hacer nada. Pero la gente, aunque empieza a costar, sigue sonriendo.
Mañana El Molinón se llenará para recibir al Barça. Damos el partido en la tele y tengo ganas de que empiece todo. Conozco el estadio muy bien y confío en que la gente demuestre a todo el país el colorido de una afición ejemplar a la que han venido insultando desde hace un par de meses. Es de las pocas cosas que, desde hace un tiempo, me arranca una sonrisa. Que todo salga bien.
Tallueu
Vuelvo a estar en un avión que me lleva de vuelta a Asturias. Aprovechando el partido contra el Barcelona, he venido antes para descansar con los míos y para seguir trabajando en ese proyecto del que, de momento, no voy a decir nada hasta dentro de unos meses. El trabajo es duro, pero reconforta que gente importante confíe en uno para este tipo de cosas. De ahí el plus de dedicación en los últimos 15 días.
El vuelo está siendo tranquilo. Por mi cabeza se han pasado tantas cosas este pasado fin de semana que la reunión que ayer tuvimos en la tele era necesaria. Primero, porque muchos de mis compañeros no sabían de qué iba el tema y, segundo, porque hay cosas que se entienden mejor con un poco de feedback. Por eso estamos más tranquilos. Por eso es tiempo de tomarse las cosas con calma. Por eso intentaré volver pronto a Twitter.
Tengo unas ganas terribles de llegar a casa. Apenas hace un mes que no vuelvo y necesito ese "chute" de asturianía más que nunca. Por todo. Por la comida, por el ambiente, por la calidad de vida, por el Cantábrico, por la playa, por el Sporting, por el verde y por los míos. Lo que más echo de menos es coger el coche, conducir cuatro horas y pasar un par de días con mi gente. Esa libertad me la quitan, desde hace un año, los aviones y la distancia.
Empieza el descenso. Ver desde lo alto los Picos de Europa me emociona hoy más que nunca. Están tan lejos y a la vez tan cerca... Besos.
Tallueu
El fin de semana ha sido muy tranquilo. Me acerqué a ver un partido el sábado y poco más. Me he aburrido de lo lindo. Eso sí, he recuperado esa gran costumbre de tocar la guitarra tres veces al día para distraerme de un sopor que empieza a ser demasiado largo. Quizás eso me esté sirviendo para pensar en lo que merece la pena y lo que no. A pesar de las continuas llamadas y preocupaciones, sigo pensando en que estoy en el sitio correcto y en el momento adecuado. Y eso tiene que estar por encima de cualquier cosa.
Mañana será otro día libre. De esos que tanto me gustan... Ironías aparte, no haré nada que no haga en otras fechas: llamar por teléfono, pactar protagonistas, preparar los viajes y hacer deporte.
No tengo más que contar. Mañana nos vamos al Sevilla-Real Madrid y el viernes al Hércules-Barcelona. Hasta entonces.
Tallueu
Son las 03:42. Lo de escribir de madrugada lo tenía ya olvidado y me recuerda a aquellas noches madrileñas que, después del programa de radio, se me hacían interminables frente a la pantalla del ordenador. Borja, mi compañero de piso de entonces, ya no vive allí y se ha ido a otro piso él solo. Chapi se ha ido a vivir con su novia. El resto de la pandilla viven juntos en una casa que está a 200 metros de la Calle O'Donnell, lugar en el que yo vivía. En apenas 7 meses todo ha cambiado.
Ni hay humor, ni ganas. Suena "The Roller" de Beady Eye. En la última semana es lo único que me llena. Lo único que suena.
Tallueu
